"Peor aún, cuando una superpotencia de tintes totalitarios se expande a través de las armas, los países vecinos tienen dos opciones: entregarle las llaves de casa o resistir. Por eso se lucha en Ucrania, cuyo destino también se cierne sobre los países bálticos y del Este de Europa, que Vladimir Putin codicia ya sea porque el megalómano quiere devolver a Rusia su gloria perdida, o porque EE UU y la Unión Europea le dieron la excusa perfecta para atacar a Kiev al expandirse hacia sus fronteras, después de promover rebeliones como la Revolución de Maidán (2014), que fue la llama que encendió el conflicto" ("El futuro de Europa se juega en las trincheras de Ucrania" La Razón, de hoy)
Cuarto aniversario de la guerra en Ucrania. En la foto Vladimir PUTIN, con la escarapela de la Orden militar de San Jorge, de las victorias rusas en la I Guerra Mundial. Hay mucho de (legítimo) revisionismo histórico en la postura rusa a cuenta de la guerra de Ucrania. Como en la postura española sobre Cataluña
Se cumplen cuatro años del inicio (oficial) de la guerra en Ucrania. Muchos pensaban que aquello iba a ser un paseo militar. Y entre esos "muchos" estaba yo, lo confieso. No fue así de un tris, pero quedó en el orbe o en el planeta de la entidad de lo posible, que diría HEIDEGGER, de lo que pudo ser y por los pelos no fue. La recuperación manu militari pero incruenta de una zona geográfica europea que llamamos hoy Ucrania y que los rusos reclaman -cargados de motivos y argumentos-, como la cuna de su nación, la Rus de Kiev, en un contencioso histórico sin fin y sin que se vislumbre una salida de él, como ocurre con lo que nos divide y nos separa unos de otros -y en ciertas regiones- a los españoles. Una fatalidad histórico/geográfica, que habría en cambio que asumir e intentar de soslayarla en aras del Bien común y de la Paz, como tal, en vez de seguir echando leña o gasolina al fuego como vienen haciendo en la diplomacia y en los medios europeos.
Y en el párrafo que encabeza esta entrada, que recojo del numero de hoy del diario La Razón fuera de toda sospecha, se afirma estruendosamente -como sin querer, por casualidad, como la mula de Balaam- algo, sin perjuicio que el mismo autor lo contradiga líneas después, algo pues que yo habré gritado en solitario durante todos estos cuatro años como quien predica en el desierto, y como lo dejé registrado en este blog, y en uno de mis libros, el que mas éxito de librería (a título benévolo), habrá tenido, como por casualidad, del conjunto de mis libros. En el Euromaidán, sí, fue donde todo empezó. Instigado por la burocracia gestora de la UE, y por la OTAN y los Estados Unidos -Administración BIDEN-, que la gran prensa mainstream saludó impúdica e irresponsablemente y jaleó -doy fe- como una nueva primavera de los pueblos, como las primaveras árabes (2011) y como la primera, madre y matriz de todas revoluciones liberales que después en el mundo fueron (en 1848) Gato escaldado de los entusiasmos urbi et orbe que levantó el 15-M madrileño y su movimiento igualmente jaleado "urbi et orbe" de indignación, eso es lo que yo (expatriado) fui, y por eso tal vez vi con claridad -desde la ex-pa-tria-ción- lo que nadie o casi nadie quiso ver igual que yo. En lugar pues de un desplome del imperio ruso como un castillo de naipes tal como se esperaban algunos -¡ilusos!- se habrá sucedido una guerra -de posiciones y de atrición- interminable con una contabilidad de daños y de bajas escalofriantes que superan ya del lado ruso las cifras alcanzadas en la II Guerra Mundial, y que habrá ya entrado desde hace un buen rato en una fase de desgaste.
Todo en honor del pueblo ruso, desde luego, y de su mandatario, Vladimir PUTIN. Que ante el fracaso inicial al contrario de muchos otros en un trance comparable suyo, supo mantener el rumbo y el timón. Todo en su honor. Y del lado ucraniano, una población civil, víctima privilegiada de la guerra de atrición y una avalancha de refugiados entre los que se destacaban los niños, victimas inocentes que los suyos se esfuerzan en mantenerles apartados de la tragedia y de conservarles esa alegría y ese bullicio infantil del que daban muestras desbordantes por las calles de Bruselas (doy fe), y que en el trasfondo de la tragedia tenía algo de desgarrador. ¿O era sobre todo en mí, ese desgarro, entre una (resuelta) postura pro-rusa de la que no reniego y la empatía invencible hacia las victimas del otro bando al que tantas cosas (comunes) me unen , individual y colectivamente -como español-, de imponderables, de difíciles, por no decir imposibles de definir? A fe mía que no lo sabría decir. Entre tanto, el primer ministro (laborista) británico, declara o "promulga" ahora la "prohibición" de decir que Rusia está ganando la guerra, y nos rendimos a la evidencia que tal vez por vez primera, surge un negacionista -de negación, en francés deni, y en inglés, deny- allí donde menos se le esperaba (o se le espera) Y eso además, qué quiere negar, o qué quiere decir?
La guerra la viene ganando Kiev desde el principio -un hecho difícil o imposible de refutar-, en el terreno de la diplomacia y en el de la guerra de propaganda, pero no son los chorros de millones -en dólares y otras divisas- que les vienen lloviendo gracias a la presión occidental, y al incansable mendigar del incansable e inconsolable ZELENSKI (de bolsillos rotos) (...)-, ni siquiera el apoyo y la ayuda occidental de las cancillerías occidentales -Francia, Reino Unido, Alemania, Polonia, la UE-las que harán vencer a Ucrania y doblegarse a su enemigo (ruso) en el campo de batalla. La realidad es tozuda no obstante, que ante la persistencia de la ofensiva rusa la UE y los cancilleres exponentes de una postura mas belicista como el alemán MERTZ o el francés MACRON les muestra en una posición cada vez más aislada. De ahí sus llamamientos angustiosos al envío de tropas sobre el terreno. Con el francés MACRON o sin ir mas lejos, con las maniobras soterradas en ese sentido emanantes de la Moncloa (...)
Y en las líneas de frente ¿cómo van (exactamente) las cosas? No exactamente como nos lo cuentan los medios. En una situación de espera, sí,, que no de estancamiento, hasta que se resuelva -cuestión de tiempo- la batalla/asedio de POKROVSK (completamente rodeada, y desahuciada), después que ZELENSKI desistiera (hace semanas) de enviar -léase, de sacrificar- nuevos refuerzos a una tan importante localidad, por su valor estratégico crucial. Como último cerrojo que les impide por el momento el control completo -vía Donetsk- del DOMBASS. ¿Estamos, en lo que aquí decir estoy queriendo? Pues eso. Y una vez más, ¡Paz por territorios!
Mapa militar de la situación en el frente de Ucrania, y en concreto de la situación de Pokrovsk, último cerrojo que frena a los rusos del control total -vía el oblast de Donetsk- de todo el DONBASS. Plaza asediada y desahuciada, completamente rodeada y a la que ZELENSKI habrá desistido hace semanas de enviar -léase de sacrificar- nuevos refuerzos















